Cohousing: una alternativa a la soledad

La vivienda colaborativa ya ha tenido cabida durante el debate político en el Congreso de los Diputados y las Asamblea de Madrid.

Laura Chivato

Desde 1900 a 2015, las personas de 65 años y más se han multiplicado por nueve, y en las próximas décadas seguirán aumentando hasta el año 2050, según el último informe disponible del Imserso ‘Las personas mayores en España’ (2016). Esto se produce debido al incremento de la esperanza de vida, un hecho que trae consigo más problemas en relación con la salud, pues hace que se disparen también las enfermedades crónicas y con estas las dificultades a la hora de seguir el tratamiento. Además, la soledad se ha convertido en otro de los temas que más preocupa, tanto que en Reino Unido han creado el ‘Ministerio de la Soledad’. Pero, ¿y si se pudieran buscar alternativas para evitar este tipo de situaciones?

Esta pregunta es uno de los puntos de partida del cohousing o vivienda colaborativa, un modelo de convivencia que consiste en compartir la experiencia de vida en un entorno que va a ser diseñado por los propios vecinos. En el caso del cohousing senior, las personas mayores eligen este modelo como una alternativa autogestionada a las residencias de mayores, según explica Bernardo Díaz Salinas, vicepresidente de la cooperativa Jubilar Villa Rosita.

“El Jubilar Villa Rosita está formado por un grupo de amigos que sentimos que envejecer bien es envejecer en compañía, compartiendo y ayudándonos solidariamente. Es nuestro deseo poder permanecer en él hasta cualquier nivel de dependencia, y nos comprometemos a diseñar estrategias que lo permitan. Este compromiso nos lleva a la denominación de “jubilar”, un equipamiento de bienestar social definitivamente destinado a servirnos hasta el fin de nuestros días si ese es nuestro deseo”, apunta.

«Es nuestro deseo poder permanecer en él hasta cualquier nivel de dependencia, y nos comprometemos a diseñar estrategias que lo permitan»

Para Díaz Salinas, el cohousinges una forma de envejecer en una comunidad de amigos, manteniendo la intimidad en sus zonas privadas, como si fuera su casa, y compartiendo un proyecto de vida en común, en un entorno diseñado por ellos mismos que favorece la convivencia y el compartir actividades”.

Envejecimiento y cohousing

El cohousing, por tanto, se presupone como un entorno “muy adecuado” para un envejecimiento activo y saludable, un aspecto que fue llevado el pasado 30 de noviembre al antes conocido como Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad (MSSSI), desde donde se creó la ‘Estrategia Nacional de Personas Mayores para un Envejecimiento Activo y para su Buen Trato 2018-2020’. En este documento no se cita expresamente el cohousing, pero sí se aboga por impulsar diferentes cuestiones que este comprende, como la actividad y participación social; el modo de vida autónomo, independiente y seguro; o la no discriminación, igualdad de oportunidades y atención a situaciones de fragilidad y de mayor vulnerabilidad.

En la Estrategia también se explica el cambio de mentalidad de los últimos años en relación con las personas mayores, pues estas se enfrentan al envejecimiento con una actitud completamente distinta respecto a años atrás, y el cohousing es producto de ello. El cohousing es una consecuencia del cambio producido en la mentalidad de las personas mayores que optan por facilitar una vida saludable e independiente, en entornos adecuados y seguros, con buenos vecinos y con compromiso de asistencia mutua para atender a los que lo necesiten”, aclara Díaz Salinas.

Este compromiso de asistencia mutua se basa en que los propios vecinos ayuden a aquellos que puedan tener una dependencia a través del modelo de Atención Integral Centrada en la Persona (AICP) y de la participación de un gestor de casos. De esta manera, se fomenta que la persona con enfermedades crónicas y dependiente de cuidado esté atendida en todo momento y, por lo tanto, no se sienta sola.

Una soledad que, según Díaz Salinas, no tiene soluciones en la Estrategia. Es más, en dicho documento se subraya que el principal deseo de las personas mayores es envejecer en casa, un dato que llama la atención pues, paradójicamente, si se atiende a esa pretensión se crean las “condiciones óptimas” para que se produzca la soledad.

“La Estrategia promueve medidas para mantener a las personas mayores en sus casas, incluso con atención domiciliaria que facilite esa estancia. Eso, unido al aumento de los hogares unipersonales y al fallecimiento de uno de los cónyuges (frecuentemente el hombre), asegura el incremento de la soledad de las personas mayores”, destaca.

En este punto, por lo tanto, se vuelve “necesario” promover un cambio social, teniendo en cuenta que, según datos facilitados por Cruz Roja, en España viven en soledad el 24,01 por ciento de los mayores. Con este cambio se podrían visualizar otras alternativas “más adecuadas” -o así lo cree el vicepresidente de Villa Rosita-, otras soluciones que puedan evitar la soledad, que sean “comunitarias, colectivas, solidarias, colaborativas, masivas y accesibles”.

Según datos facilitados por Cruz Roja, en España viven en soledad el 24,01 por ciento de los mayores.

La pregunta que podría surgir en este aspecto es si, entonces, las residencias tendrían cabida como alternativa. Díaz Salinas lo tiene claro: no pueden contemplarse como tal mientras sean vistas como “última solución”. De hecho, desde su punto de vista, podría decirse que los cohousing surgen para evitar el internamiento en residencias. “A un jubilar -vivienda colaborativa- venimos a vivir y gozar de una etapa de nuestra vida, quizás nuestros últimos años, mientras que a una residencia tradicional generalmente se va cuando ya no podemos valernos por nosotros mismos, con un grado de dependencia tan alto (II y III en el 85 por ciento de los casos) que resulta imposible permanecer en casa”.

¿Cómo se financia todo este proyecto?

La mayoría de los proyectos de cohousing se establecen a través de las cooperativas. Las personas que quieran formar parte del proyecto se hacen socias y aportan a la organización los fondos necesarios para la compra del terreno y la futura construcción. Para estos proyectos se debe contar con un crédito de la banca ética, lo que facilita que las personas mayores de 65 años puedan acceder a este cuando, en un principio, se supone ‘inaccesible’, pues es la cooperativa la titular y no sus socios individualmente.

Para conseguir las viviendas, repartidas en alojamientos o Unidades Residenciales, entra en juego lo que se conoce como ‘Modelo de Cesión de Uso’ (MCU), basado en que la cooperativa, al ser dueña del terreno, cede el uso vitalicio del alojamiento privado y las zonas comunes a los socios, quienes son copropietarios de la cooperativa. Si alguien quisiera marcharse, se establece una lista de espera (mediante criterios de admisión) por la que la cooperativa gestiona las aportaciones y devoluciones de capital. “La persona que se marcha recupera el dinero invertido más las inversiones llevadas a cabo para su mejora y con algún porcentaje sobre el IPC. No es un negocio especulativo.”, explica Díaz Salinas.

Esto deja ver que toda la financiación es privada, y es el propio vecino quien corre con todos los gastos, pues el apoyo público, actualmente, es inexistente. Para Díaz Salinas “la Administración aún no está preparada para comprender y potenciar el cohousing”, aunque sí es cierto que este asunto ya ha sido llevado al debate político a nivel nacional, pues el pasado 14 de noviembre, el Partido Popular presentó una Proposición No de Ley para promocionar la vivienda colaborativa entre las personas mayores. Sin embargo, esta no tuvo demasiado éxito entre los parlamentarios, pues todos los grupos veían una serie de carencias en cuanto a financiación de las viviendas por parte del Estado; y si esta financiación no existe, el comienzo de una brecha entre quienes tienen recursos económicos para permitírselo y quienes no.

“El cohousing es una iniciativa interesante, viviendas de convivencia, viviendas colectivas, una solución habitacional satisfactoria para personas de tercera edad que no quieren vivir en una residencia y sí lo quieren hacer entre iguales y con independencia. Pero, también es cierto que, tal y como se plantea a día de hoy, está enfocado para personas con solvencia económica, ya que las cooperativas no dejan de ser autopromotoras”, declaraba en el Parlamento la diputada socialista Peña Camarero.

«Tal y como se plantea a día de hoy, está enfocado para personas con solvencia económica, ya que las cooperativas no dejan de ser autopromotoras”

A nivel autonómico ocurre un poco más de lo mismo. En la Asamblea de la Comunidad de Madrid, el pasado 8 de marzo también se presentó una Proposición No de Ley para la promoción del envejecimiento activo y la permanencia en el entorno social y familiar más cercano, para pedir, en su momento a Cifuentes, que aunara fuerzas con el Gobierno central y así elaborar un estudio del marco legislativo correspondiente y posibles ayudas.

Esto hace ver que las pretensiones políticas relacionadas con este tema se quieren poner sobre la mesa, pero sin hacerlo de cualquier manera, pues con los años la población va a estar más envejecida. Por ello, va a ser necesario que, todo lo establecido desde hoy, sea claro, conciso y realmente aplicable en materia de envejecimiento activo y soledad.

Experiencias extranjeras

La existencia de estas iniciativas en España no es algo novedoso fuera de nuestro país, ya que son muchos los proyectos de cohousing puestos en marcha más allá de nuestras fronteras. Uno de ellos es ‘Harbourside Cohousing’.

Con el lema ‘Floreciendo a través del apoyo mutuo’, esta comunidad, ubicada en Canadá, busca ser un vecindario para las personas mayores “asequible, respetuoso con el medio ambiente y con apoyo social y cultural”, para envejecer de la forma más saludable posible en este ambiente. “Respetando la privacidad personal, fomentamos la cooperación, la conexión social y la asequibilidad a través del diseño y el apoyo mutuo”, señalan.

Cohousing senior ‘Majbacken’

Otro ejemplo sería Majbacken, en Suecia. El punto interesante en esta cooperativa es que intentan, como requisito, tener el mismo número (aproximadamente) de hombres y mujeres para “el buen funcionamiento de la casa”.

“Queremos una casa activa, donde consigamos un fuerte sentido de comunidad. Compartimos conocimientos y habilidades, nos alentamos unos a otros y proporcionamos inspiración a los demás. Nadie necesita sentirse solo. Nuestra comunidad hace la vida más fácil, más divertida y menos costosa”, explican.