España envejece, pero no ‘activamente’

La SEGG denuncia que la atención vinculada al envejecimiento activo todavía no se adecua a las nuevas necesidades

Redacción

De igual manera que no es posible hablar de cronicidad sin hablar de personas mayores (el 93,8 por ciento de las personas en situación de cronicidad lo son), no es posible hablar de envejecimiento sin hablar de la dependencia. James Fries, profesor de Medicina de la Escuela Universitaria de Stanford, indicó ya en 1980 que vivimos más años, pero a costa de vivir los últimos años de la vida en situación de discapacidad. A nivel mundial, España se alza como un ejemplo paradigmático sobre cómo, además de dar años a la vida, es posible dar salud a los años. Siendo el segundo país más longevo del planeta, sólo por detrás de Japón, sus políticas podrían marcar el camino a otros. La mejor forma de prevenir, retrasar o modificar la pérdida de capacidad funcional viene de la mano de la promoción del envejecimiento activo y, aunque el término empieza a ser habitual en los discursos, la realidad es que la atención aún no se adecua a lo que demandan las personas: según la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG), existen escasos desarrollos de programas de envejecimiento activo, escaso desarrollo de atención a pacientes crónicos mayores y multimórbidos, recursos rígidos y, sobre todo, inflexibles, que nunca se adaptan a las personas.

Según las últimas estadísticas del Movimiento Natural de la Población del Instituto Nacional de Estadística (INE), en el primer semestre de 2017 se registraron 187.703 nacimientos, un 6,3 por ciento menos que en el mismo periodo del año anterior. Mientras, en el mismo periodo fallecieron en España 219.835 personas, un 4,5 por ciento más.  El crecimiento vegetativo de la población presenta así un saldo negativo de 32.132 personas durante la primera mitad del año pasado, el triple con respecto al saldo del mismo periodo de 2016, que fue de 10.145. Se trata del último ejemplo de una tendencia que, salvo una puntual interrupción registrada en 2014, se inició en el año 2008 y sobre la que vienen alertando todas las proyecciones demográficas, nacionales e internacionales.

De mantenerse las previsiones del INE, España perderá algo más de medio millón de habitantes en los próximos 15 años, pero con un matiz importante: decrecerá la población general, pero aumentará el número de personas mayores. Hoy, dos de cada diez personas que residen en España (es decir, 9 millones de personas o el 18,7 por ciento de la población) tienen 65 años o más. En 2020, este porcentaje será, según la actualización 2015 del Informe sobre Envejecimiento realizada por la Comisión Europea en base a datos de Eurostat, del 20,1 por ciento, y en 2060 llegará al 30 por ciento.

No sólo eso. Se asiste además a otro hecho trascendental. No sólo aumenta el número de personas que llegan a los 65 años, sino también de aquellos que viven por encima de los 80 años. Las proyecciones europeas también alertan del fenómeno del sobreenvejecimiento o ‘envejecimiento del envejecimiento’. Para 2020, el 30,8 por ciento de los españoles mayores de 65 años serán octogenarios, un porcentaje que subirá hasta el 49,7 por ciento para el año 2060.

Otra perspectiva de la misma fotografía indica claramente el rumbo de la pirámide poblacional. Según las mismas proyecciones, entre los años 2013 y 2060, todos los segmentos de población entre los 0 y los 64 años registrarán tasas negativas, mientras que la población mayor de 65 años habrá crecido un 12,1 por ciento. Y dentro de ella, la población de más de 80 años se habrá incrementado un 9,4 por ciento.

Para 2020, el 30,8 por ciento de los españoles mayores de 65 años serán octogenarios, un porcentaje que subirá hasta el 49,7 por ciento para el año 2060.

Nuevos perfiles, nuevas necesidades

Estos cambios sociodemográficos no son únicos. En estos años también han cambiado la estructura social, familiar y de cuidados, así como los perfiles sanitarios, debido a la cronificación de muchas patologías. Todo hacen que existan nuevos perfiles que han modificado el estatus y las necesidades de las personas mayores… Necesidades que, según la SEGG, “en muchos casos no están satisfechas completamente”. Un buen ejemplo son el casi 21 por ciento de mayores de 65 años que, según la Encuesta Europea de Salud, tienen dependencia funcional en España.

Las nuevas necesidades se explican no sólo por los cambios asociados al envejecimiento sino también y en su mayor con las bases que se establecen para que ese envejecimiento pueda ser considerado saludable. “La genética no importa más del 28 o el 30 por ciento en cómo vamos a envejecer; el 70 por ciento restante vienen a ocuparlo nuestras características personales y la influencia del entorno”, asegura López Trigo.

Teniendo esto en cuenta, es hora de analizar qué papel juega el envejecimiento saludable en España. Para ello, conviene saber qué tipo de modelo, de los tres existentes, predomina en nuestro país. El primero de ellos, o modelo A, son las trayectorias óptimas, es decir, mantener una capacidad funcional muy buena hasta el final de la vida, salvo al final. En segundo lugar, se sitúan las trayectorias interrumpidas (modelo B), en las que la capacidad funcional se pierde bruscamente ante un hecho concreto (una fractura de cadera, un ictus…). Por último, las trayectorias continuadas (modelo C) responden al impacto de patologías neurodegenerativas como las enfermedades de Parkinson o Alzheimer. “Desafortunadamente —asegura el presidente de la SEGG— en nuestro país envejecemos con modelos tipo B y C en la mayoría de los casos”.

El camino a seguir para conseguir el envejecimiento saludable es bien conocido. Lo marcó la Organización Mundial de la Salud en un informe sobre envejecimiento y salud publicado a finales de 2015. De inicio, advierte que se necesitan cambios sistémicos. España ha generado magníficos sistemas de atención para enfermedades y procesos agudos, pero esos sistemas están atendiendo hoy procesos que no son agudos, y que están desplazados de su sitio. No es el único obstáculo: el trabajo está compartimentado, no existe coordinación y tampoco se está formando específicamente a los profesionales sanitarios. Todo ello supone una pérdida de efectividad, un incremento de los costes y unas necesidades no satisfechas para los pacientes.

Propuestas

Se impone, por tanto, una respuesta sólida desde la Salud Pública al envejecimiento. El reto pasa por hacer una adecuada gestión, tanto del envejecimiento como de las patologías que les afectan. La propuesta de la SEGG, bien recibida por parte de todos los grupos parlamentarios de la Cámara Baja, parte de la idea de que un marco de acción adecuado sobre el envejecimiento activo debe tener en cuenta la diversidad, reduciendo la inequidad, garantizando el derecho a elegir y propiciando el envejecimiento en la comunidad. Para ello, geriatras y gerontólogos abogan por poner en marcha políticas destinadas a promover el envejecimiento activo y otras dedicadas a prevenir el envejecimiento patológico.

Entre las primeras se encuentran los programas de desarrollo de hábitos saludables, de alimentación, de nutrición, de ejercicio físico orientado. “No recomendemos a las personas mayores que hagan deporte; digámosles qué deporte o ejercicio le vienen bien a cada uno porque el ejercicio, igual que la dieta o los fármacos, se prescribe”, resalta López Trigo. Estas políticas incluyen también el mejorar y propiciar las relaciones sociales, que las personas intervengan en la gestión del propio envejecimiento y la existencia de relaciones intergeneracionales.

A la hora de prevenir el envejecimiento patológico, la SEGG insta a seguir poniendo en marcha programas de prevención de factores de riesgo cardiovascular, así como iniciativas para promover la detección precoz y el tratamiento de la fragilidad, tanto física como cognitiva, para evitar situaciones de dependencia, sin olvidar el problema de la soledad de las personas mayores.

«No recomendemos a las personas mayores que hagan deporte; digámosles qué deporte o ejercicio le vienen bien a cada uno porque el ejercicio, igual que la dieta o los fármacos, se prescribe

Por otro lado, queda trabajo por delante para seguir adaptando los sistemas de salud a la nueva realidad y a las nuevas necesidades, promoviendo la atención integral, apoyando el autocuidado, transformando los equipos de trabajo, apostando por la e-Health, fomentando el desarrollo de la Geriatría como especialidad médica, formando nuevos especialistas e integrándolos en los equipos de Atención Primaria.

Hoy, esta realidad deja mucho que desear. Muestra de ello son dos de las denuncias de la SEGG: la primera, que ni País Vasco ni Andalucía incluyan la atención especializada en Geriatría; la segunda que, para atender a toda la población española mayor de 65 años, en España sólo haya 1.250 geriatras. La sociedad científica propone desarrollar la atención geriátrica en multiniveles, incluyendo la formación en pregrado de futuros profesionales y aumentando adecuadamente esta formación (en un número de 125 al año) para dar respuesta a la demanda existente de plazas de formación MIR (Médico Interno Residente en Geriatría) y EIR (Enfermeras Internas Residentes en Geriatría)

Esto solucionaría la segunda de las denuncias de la SEGG: que no sólo hay pocos geriatras, sino que están mal repartidos. Según denunció López Trigo en el Congreso, en Castilla y León, una de las comunidades más envejecidas, sólo hay nueve.

Otros obstáculos

No son los únicos obstáculos que existen para dar la respuesta sólida que requieren los retos asociados al envejecimiento. Si bien las políticas de envejecimiento activo son esencialmente competencia de las comunidades autónomas y de los entes locales, también tienen un desarrollo importante de la Administración General del Estado. Y lo cierto es que una de las críticas más comunes durante los últimos años tiene que ver con la pasividad con la que se ha avanzado en esta área.

Actualmente, el Gobierno trabaja en la Estrategia Nacional de las Personas Mayores para el Envejecimiento Activo y del Buen Trato 2018-2021, un documento en fase de consulta por parte de administraciones públicas, instituciones y organizaciones de la sociedad civil que cuenta con cinco líneas básicas: los derechos de los trabajadores mayores y el alargamiento de su vida laboral; la participación en la sociedad y en sus órganos decisorios; la promoción de la vida saludable e independiente en entornos saludables y seguros, la no discriminación e igualdad de oportunidades y la atención a situaciones de fragilidad.

Las críticas desde el Congreso de los Diputados acusan al Ejecutivo de Mariano Rajoy de haberse dejado atrás mucha tarea por hacer, relativa al Libro Blanco del Envejecimiento Activo. Los grupos son conscientes de la necesidad de profundizar en políticas que promuevan el envejecimiento activo como una herramienta para prevenir situaciones de dependencia y de apostar por potenciar las capacidades de la persona cuando se hace mayor, eliminando así los estigmas asociados a la vejez. Pero resaltan que, a pesar de que el Libro Blanco se aprobó el 3 de noviembre de 2011, ni su implantación, ni su desarrollo, ni sus resultados han sido evaluados. “Con el gobierno de Rajoy, las personas mayores han pasado de ser las atendidas a las peor tratadas con medidas”, aseguró el diputado socialista Luis Carlos Sauquillo durante el reciente debate de una PNL presentada por el PP para promover la realización de campañas que promuevan la imagen positiva de las personas mayores y dar a conocer a la sociedad el valor del envejecimiento activo.

Para el grupo socialista, medidas como el copago farmacéutico, los recortes en dependencia, la desaparición del presupuesto para servicios como teleasistencia (en 2011 había presupuestados 32 millones de euros y desde 2013 la aportación se redujo a 0) o los recortes en turismo social o termalismo social (de 143 millones en 2011 a 102 en 2018) son medidas contrarias a un envejecimiento activo y saludable. A ello se suma la pérdida de poder adquisitivo de las pensiones. “¿Cómo se pueden promover políticas de envejecimiento activo ofreciendo austeridad en bandeja de plata?”, preguntó Rita Gertrudis Bosaho, diputada de Unidos Podemos.

A falta de nuevo presupuesto para combatir la austeridad, la aprobación de esta PNL ha abierto la puerta, al menos, a corregir parte de las deficiencias detectadas gracias a una enmienda incluida por Ciudadanos. Para esta formación, las políticas de envejecimiento activo y saludable son muy importantes de cara a la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud. “Unas personas mayores con mejores niveles de salud y menor incidencia de patología suponen un menor gasto a futuro”, señaló el diputado Diego Clemente. El texto de su enmienda incluye la petición al Gobierno de realizar y publicar, en los próximos seis meses, una evaluación del desarrollo, de la implantación y de los resultados conseguidos por el Libro Blanco del Envejecimiento Activo.