El papel imprescindible del cuidador en la atención a la cronicidad

Más del 70% no son profesionales

Laura Chivato Isabel

España es el segundo país más envejecido de la OCDE y, según esta misma organización, de aquí a una década habrá un total de 6.400.000 personas mayores de 80 años, de las cuales el 40 por ciento serán dependientes, es decir, tendrán que estar a cargo de un cuidador. Si se generaliza podría decirse ‘a cargo de una cuidadora’, ya que en nuestro país suelen ser ellas las que se dedican a esta atención en un 89 por ciento de los casos, según la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG) y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Desde la Comisión de Atención a la Dependencia de la Fundación Edad & Vida lo tienen muy claro: “el papel que juega el cuidador en la atención a la cronicidad es imprescindible”.

En total, se estima que hay 4 millones de cuidadores de personas dependientes en España y más del 70 por ciento de estos no son profesionales, es decir, son personas que necesitan apoyo y consejos para llevar a cabo su labor. “Su presencia debe estar siempre vinculada a los servicios profesionales: la estancia en un centro de atención sociosanitaria, como servicio de puertas abiertas, invita a la presencia continuada de los familiares con objeto de seguir fomentando los lazos y las relaciones familiares que nunca podrán ser sustituidas por el mejor servicio profesional”, explican desde Edad & Vida.

Hay 4 millones de cuidadores de personas dependientes en España y más del 70 por ciento de estos no son profesionales

“De la misma manera -añaden-, los servicios de atención domiciliaria y comunitaria deben contener una ‘hoja de ruta’ adecuada al perfil de la persona atendida y a las diferentes necesidades de su red de apoyo social”.

Estos apoyos complementarios son fundamentales pues, dentro de una misma familia (más del 50 por ciento de los cuidadores tiene relación personal con quien cuida), en un 95 por ciento de los casos es una única persona la que asume el papel de cuidador. En concreto, la persona que cuida de los hombres mayores que necesitan ayuda son sus cónyuges (38,8%), seguidas de sus hijas (21,7%); en el caso de las mujeres mayores que necesitan ayuda, se invierte el orden y son las hijas (35,4%) las que se hacen cargo de los cuidados, seguidas de otros familiares y amigos (13,3%), mientras que sus parejas varones se encargan de ellas en el 12,5 por ciento de los casos, según datos del INE aportados por Edad & Vida.

El papel que desempeñan por su parte los cuidadores formales también es clave. Para la Fundación, se trata de una labor sin la que el resto de personas no podrían continuar con el desarrollo de su vida personal y laboral: Es un sector en continuo crecimiento y desarrollo, un sector generador de empleo, lo que redunda, a su vez, en el enriquecimiento de un país, y un sector que debemos de potenciar como actividad de ‘primera necesidad’, con el reconocimiento social y económico que ello debe de conllevar para los cuidadores y resto de profesionales vinculados”.

“Un sector que debemos de potenciar como actividad de ‘primera necesidad’, con el reconocimiento social y económico que ello debe de conllevar”

“En líneas generales, habría que dotar de información de apoyo a las cuidadoras familiares, y de formación continua y especializada a las profesionales que atienden a personas en situación de vulnerabilidad en centros residenciales especializados que se ocupan, en la mayoría de los casos, de personas con enfermedades crónicas y que están en situación de dependencia”, subrayan.

Día a día del cuidador

Para poder seguir desarrollando su labor, la persona cuidadora tiene que seguir una serie de hábitos para cuidarse a sí misma y controlar tanto los aspectos físicos como los emocionales. Esto es fundamental ya que, tal y como resaltan en el ‘Manual de habilidades para cuidadores’ de la SEGG, “cuidar a una persona mayor dependiente significa ayudarle, respondiendo a sus necesidades básicas e intentando mantener su bienestar con la mayor calidad y calidez. El cuidador principal es la persona que asume la responsabilidad de cuidar y la supervisión de los cuidados”.

En este sentido, por parte de los cuidadores informales es aconsejable que estos vean complementado su día a día con servicios profesionales que, según Edad & Vida, les permitan tener un referente en los cuidados, además de aprovechar para descansar, formar e informarse. En cuanto a los profesionales, son recomendables los programas de intervención que enseñan a estos a desarrollar habilidades preventivas respecto al síndrome del ‘Burnout’, un tipo de estrés laboral.

Falta de reconocimiento

Uno de los principales problemas a los que se enfrentan los cuidadores: la falta de reconocimiento. Desde Edad & Vida piensan que la Administración tiene en cuenta su papel “menos de los que les gustaría” y que todavía “queda mucho por hacer”.

Desde Edad & Vida piensan que la Administración tiene en cuenta su papel “menos de los que les gustaría” y que todavía “queda mucho por hacer”

“Más allá de la Ley de Dependencia que otorga ayuda a las personas dependientes, y que son de utilidad para la figura del cuidador, es un papel que no se toma en cuenta ni se considera, destacan.

El reconocimiento es lo que puede hacer que el día a día del cuidador pase de ser “gratificante” a “ingrato”. “Ingrato por esa falta de reconocimiento que, como sociedad, tenemos hacia los cuidadores, ya sea por no ser capaces de mostrar, en todas sus dimensiones, la valía profesional y el trabajo de base tan necesario como imprescindibles que realizan; ya sea porque, a cada momento, deben decidir cuál es el mejor de los siguientes pasos a realizar, en materia de atención, teniendo en cuenta la importancia que adquiere el conocimiento profundo, también de las personas que se atiende”, apuntan desde la Fundación.

En este contexto, Edad & Vida actúa como altavoz y eje cohesionador para dar a conocer la realidad y los retos a los que se enfrenta la persona cuidadora. De esta manera, lo que pretenden es facilitar la puesta en marcha de acciones que permitan garantizar la continuidad y calidad de los cuidados.