La baja adherencia, un problema común en vejiga hiperactiva, osteoporosis y enfermedades cardiovasculares

En el transcurso de la jornada se desarrolló una mesa dedicada a estas tres patologías

Laura Chivato Isabel

La adherencia al tratamiento en pacientes crónicos en España se sitúa en un 51,6 por ciento, según el Análisis Nacional de Adherencia al Tratamiento del Grupo OAT, es decir, que la mitad de los crónicos, en general, no son adherentes. Esto hace suponer que cuando se observa el incumplimiento por patologías la situación no sea muy diferente. Es más, es el nexo común entre vejiga hiperactiva, osteoporosis y enfermedades cardiovasculares, unas patologías aparentemente dispares aunque, como todas las enfermedades crónicas, necesitan, entre otras cosas, mejorar la coordinación entre profesionales, mejorar la comunicación con el paciente y poner en marcha iniciativas para poder mejorar la adherencia. Todo ello fue abordado durante la Jornada de Adherencia al Tratamiento en Andalucía celebrada el pasado 19 de junio en el Hospital Universitario Virgen Macarena (HUVM) y organizada por el Grupo OAT en colaboración con la Consejería de Salud y Familias de la Junta de Andalucía y el patrocinio de Amgen, Astellas Pharma y Pfizer.

En el transcurso de la jornada se desarrolló una mesa dedicada a estas tres patologías, en la que diferentes especialistas dieron su punto de vista en cuanto al abordaje de estas.

Pedro Blasco durante su intervención

El primero en intervenir fue el doctor Pedro Blasco, urólogo y responsable de la Unidad de Urología Funcional del Hospital Universitario de Valme (Sevilla), quien ofreció una serie de datos relacionados con la vejiga hiperactiva (VH) y su manejo, como, por ejemplo, que aproximadamente un 25 por ciento de las personas por encima de los 40 años padece algún tipo de incontinencia, aunque la mitad piensa que son síntomas propios de la edad. En cuanto a la adherencia, el doctor Blasco apuntaba que no se puede relacionar la falta de esta únicamente a un factor, como pueden ser los efectos adversos, sino que intervienen múltiples circunstancias. Entre ellas está el hecho de que el paciente puede ser incumplidor intencionado cuando consulta al especialista, este le pone un tratamiento y, sin embargo, como no está tan mal y, además, su medicación le produce efectos adversos, decide no tomarla. Es decir, que tal y como indicaba el doctor, “en relación a la calidad de vida, el abandono es una posibilidad”.

Además, es importante destacar que el tratamiento farmacológico es uno de los aspectos en donde más se ha avanzado en VH. No obstante, para el doctor Blasco comenzar por este cuando un paciente acude a la consulta es un error: “cuando llega el paciente y empezamos a tratarlo ocurre que nos saltamos el primer paso, la primera línea de tratamiento, que es recomendarle que pierda peso, deje de tomar café y se implique y rellene un diario miccional, es decir, que siga unas ciertas medidas higiénico-dietéticas”.

“No trabajar sobre este tema -añadía- significa que no involucramos al paciente, sino que damos la sensación de que nosotros con la medicación vamos a resolverle el problema”.

“No trabajar sobre este tema significa que no involucramos al paciente, sino que damos la sensación de que nosotros con la medicación vamos a resolverle el problema”.

Igualmente, el trabajo coordinado con los diferentes niveles asistenciales también fue un asunto a resaltar. El doctor Blasco expuso los datos de un modelo de intervención en el que Urología colabora con Atención Primaria y con el que se ha conseguido que los pacientes rellenen los diarios miccionales en un 100 por ciento. Esto es así ya que la consulta en AP permite al paciente ver con más frecuencia a su médico y completar correctamente dicho diario.

Menos del 30 por ciento de los pacientes reciben tratamiento

En el caso de la osteoporosis, uno de los problemas es que menos del 30 por ciento de los pacientes reciben tratamiento y más del 50 por ciento abandonan dentro del primer año, según el doctor Miguel Ángel Colmenero, jefe de Servicio de Medicina Interna del HUVM. “Las consecuencias de esto están muy claras, pero fundamentalmente es que existe un incremento de riesgo de fracturas posteriores. Con lo cual, al tratarse de personas de mayor edad, aumenta mucho la morbilidad, la mortalidad, disminuye la calidad de vida y el impacto económico es considerable”, explicaba este especialista.

Miguel Ángel Colmenero durante su intervención

Ante el hecho de que los profesionales prescriban poco y que haya falta de adherencia por parte de los pacientes, las Unidades de Fractura (FLS) juegan un papel muy importante, porque entre otras cosas, permiten la coordinación entre diferentes niveles asistenciales. A través de estas, y con la experiencia de la FLS del HUVM, se puede valorar el riesgo de fractura, intervenir con el tratamiento de la osteoporosis y prevenir las caídas; todo ello en una única visita en la consulta.

“Actualmente, una vez que se deriva al paciente a la Unidad, se le procede a dar cita directa para la densitometría y para la consulta médica. Previamente, nuestra enfermera revisa el caso por si no se hubiera hecho la analítica hacérsela; en el mismo día de la consulta se realiza la densitometría, se valora por parte de Enfermería, se hace la placa radiológica si es necesario y por último valoramos los médicos internistas. A partir de aquí, se establece un tratamiento y se decide la derivación del paciente, que habitualmente va a ser a Atención Primaria. Además, en aquellos casos en los que el riesgo de fractura es muy alto, se cita en la Unidad cada año o cada dos años”, detallaba el doctor Colmenero.

“Poniendo en marcha esta Unidad -añadía-, el 100 por ciento de los pacientes ha recibido tratamiento. Esto es aplicable a la fractura de cadera, pues inicialmente solo el 65,7 por ciento lo recibió, pero al final también se aumentó al 100 por ciento”.

«Poniendo en marcha esta Unidad, el 100 por ciento de los pacientes ha recibido tratamiento»

La adherencia también se incrementó en su totalidad, pues al realizar el seguimiento posterior por parte de la enfermera gestora de casos, a través de llamadas telefónicas cada tres meses, y gracias al estudio de 59 pacientes mayores de 50 años, se ha podido observar que el 100 por ciento de estos a los tres meses cumplía con el tratamiento.

La ‘falta de adherencia’ a las Guías de Práctica Clínica

A diferencia de la vejiga hiperactiva y la osteoporosis, cuando se trata de enfermedades cardiovasculares, no solo preocupa la falta de adherencia de los pacientes a los tratamientos, sino también la ‘falta de adherencia’ de los profesionales a las Guías de Práctica Clínica, tal y como señalaba el doctor Gonzalo Barón, especialista del Servicio de Cardiología en el Hospital Virgen del Rocío (Sevilla).

“Las guías han demostrado como evidencia grado 1 nivel de evidencia A. Pero fíjense lo que hacemos, prescribimos porcentajes bajos de medicación. En España solo el 38 por ciento de los pacientes recibe un tratamiento óptimo cuando se analiza la utilización de determinados fármacos, lo que indica que hay que adaptar los porcentajes de tratamiento a las recomendaciones de las guías porque no siempre prescribimos lo que debemos prescribir”, resaltaba el doctor Barón.

Gonzalo Barón durante su intervención

“Tenemos que hacer nuestra parte de análisis interior y saber qué podemos mejorar -añadía este especialista-. Estamos mejorando, pero también es cierto que existe cierta inercia terapéutica y se tarda en aceptar las recomendaciones de la Guía”.

Sin embargo, como se ha mencionado anteriormente, no son solo los especialistas los que tienen que cambiar su actitud, sino que los propios pacientes, aunque tengan prescrita la medicación correcta, tampoco son adherentes. El doctor ofrecía algunos datos: el 24 por ciento de los pacientes no cumple con el tratamiento siete días después del alta tras un infarto de miocardio; el 34 por ciento de los pacientes interrumpe el tratamiento de al menos uno de los fármacos y el 12 por ciento el de los tres fármacos en el primer mes posterior al alta hospitalaria.

“Esto se asocia con el número de tratamientos farmacológicos prescritos, es decir, con la polimedicación. La posibilidad de que el paciente sea adherente a los fármacos se reduce con el número de pastillas, por eso tiene mucho sentido el uso de las medicaciones combinadas, lo que nosotros llamamos la Polypill en algunos casos, o antihipertensivos que se asocian porque son tremendamente eficaces”, destacaba el doctor Barón.

«La posibilidad de que el paciente sea adherente a los fármacos se reduce con el número de pastillas, por eso tiene mucho sentido el uso de las medicaciones combinadas»

“La importancia de todo esto -concluía- recae en que, si aumentamos la adherencia solamente un punto, evitamos un gasto de 11.000.000 de euros y 1.200 muertes; y si aumentamos diez puntos, se ahorrarían 35.000.000 de euros y 9.000 muertes; son datos realmente para pensar”.