El paciente crónico de un siglo XXI tecnológico

La opinión de Frederic Llordachs, cofundador y Global Business Development de Doctoralia.

El siglo XXI está llamado a ser el siglo de los prodigios en el campo de la Medicina. Los avances que se prevén respecto a la genética y la inmunoterapia avanzada, las células madre y la impresión de órganos 3D funcionales harán que puedan resolverse gran cantidad de dolencias mortales hasta hoy. Pero hasta que llegue ese día (que irá viniendo, aunque no al ritmo que a veces se anuncia), habría que ir contando con la tecnología para ayudarnos a que la sociedad pueda atender mejor a los pacientes crónicos.  La salud y la calidad de vida, además de la longevidad de los pacientes, están en juego.

Por eso, que compañías farmacéuticas como Roche hayan apostado decididamente por la telemedicina y la adquisición de startups como Mysugr, una app para el autocuidado del diabético, suena como un motor de arranque. Es el esperado pistoletazo en una carrera entre empresas para dar con soluciones, una carrera que hasta ahora más que de un pelotón lanzado a toda velocidad era de persecución en pista: todos con las bicicletas paradas, vigilándose mutuamente, para ver quien iba menos lento.

Se ha perdido mucho tiempo y muchas iniciativas: incluso las administraciones públicas andan despistadas, esperando inventar soluciones que ya existen en otros sectores para el control remoto de tecnología, y por tanto la alerta precoz. Una alerta precoz que ahorraría dinero y malestares en pacientes y familias por traslados innecesarios y estancias en urgencias de 24 a 48 horas para compensarse, cuyo coste (no solo económico) a menudo no es tenido en cuenta. Adicionalmente, se sabe a ciencia cierta que en los pacientes crónicos de menor gravedad la mejor medida es la educación para evitar problemas como la falta de adherencia, muy grave en enfermedades largo tiempo silentes y de alto impacto poblacional como la hipertensión, la diabetes tipo 2 o la enfermedad aterosclerosis. En una sociedad con cerca de un 90% de ciudadanos con acceso a internet, y con un 81% de españoles con smartphone, todavía es una utopía el contacto para cuestiones de salud con nuestros médicos y cuidadores a través de un dispositivo que miramos más de 1.500 veces a la semana.

«Se sabe a ciencia cierta que en los pacientes crónicos de menor gravedad la mejor medida es la educación para evitar problemas como la falta de adherencia»

Probablemente el gran ejemplo de que si hay algo que sea útil se emplea por la población es la cita online (de la que España es líder destacado seguido de cerca por la pequeña y tecnológica Dinamarca, con un 35% de pacientes que en los últimos 3 meses la han utilizado para pedir cita con el médico, según estadísticas de la UE). Una extensión a 17 autonomías del servicio, además de a la sanidad privada, han hecho posible este fenómeno que explica el liderazgo español en esalud. Esto debería animar a responsables sanitarios a iniciar estrategias planificadas de eSalud y no dejar en simples pilotos que se estacionan en los aeropuertos del olvido de cada hospital o área de salud las múltiples iniciativas que surgen como setas debajo de ayudas y becas. Y quizá otro día valga la pena hablar de los Test Beds y las startups como eje vertebrador de esas nuevas iniciativas, a las que la industria les va echando el ojo antes de hincarles el diente.